jueves, 11 de febrero de 2010

Dios mío y Señor mío:

Somos libres por primera vez. Antes no teníamos más opción que pecar, porque ni siquiera éramos conscientes de nuestro error. La verdad nos cubrió, fuimos perdonados y redimidos de nuestra condenación y esclavitud. Hoy Somos libres para elegir entre honrar o deshonrar a Dios, a nosotros mismos y a los demás.

Además de la libertad para elegir entre bendición y perdición, tenemos el poder del Espíritu para resistirnos a nosotros mismos y a nuestra naturaleza.

Perdóname Señor por no esforzarme, por no resistirme al pecado, por no huir cuando debo hacerlo, por entristecer tú Santo Espíritu cada vez que lo callo y lo hago a un costado.

Quiero pedirte que vuelvas, quiero escucharte y ser sensible a tú consejo, Señor. No quiero desconectarme ni alejarme de ti ni un sólo momento.

Líbrame de mi mismo y de mis argumentaciones porque escritos están tus designios. Quiero guardar tús mandatos en mi corazón y cumplirlos.

Perdóname por favor, sáname y límpiame de mi iniquidad y mi pecado. No tengas en cuenta mi transgresión. No te alejes de mí, permanece en mí, te necesito más que siempre.

Hoy abro mis ojos y veo tú gloria y santidad, tan limpio e inmaculado, que puedo ver mi cuerpo sucio, mi vieja naturaleza totalmente expuesta como único referente de quién soy.Es el fruto de la espiritualización de mi vida, y no vivir con intensidad mi fe y mi amor por Cristo. En lugar de esos ropajes de inmundicia, yo quiero vestirme de la nueva naturaleza, yo anhelo que las personas puedan ver en mi comportamiento tú poder, que de mi boca siempre salgan palabras de bendición y oraciones de intercesión.

Yo decido permitir que la semilla de tú palabra penetre en lo más profundo de mi corazón y comience a germinar. No quiero resistirme más a ti. Yo sé que tú voluntad es perfecta. Ayúdame a renovar mi mente a ver lo bueno como bueno y lo malo como malo.

Quiero verte a ti Señor, quiero contemplarte y sé que sólo el limpio de corazón y el íntegro pueden hacerlo.

Yo declaro que soy consciente de que para que obres en mi debo rendirme, humillarme delante de tú majestad, reconociendo que tus palabras son verdad y que tú justicia es amor. Que sólo tengo que decidir esforzarme y hacer mi parte: Acercarme a ti, salir a tú encuentro convencido de que obrarás sobrenaturalmente.
Yo creo que eres un Dios compasivo, bondadoso, sabio, poderoso y justo.

Invoco tu Santo Nombre y abro de par en par las puertas de mi alma para que sigas y operes mi corazón, para que perfecciones la buena obra que ya empezaste desde que me escogiste.

Te doy gracias por elegirme, por apartarme y por tú salvación. Yo decido pensar sólo en lo bueno y en lo digno de alabanza. Yo decido creer que soy hijo tuyo, que soy real sacerdocio y linaje escogido.

Todo lo puedo en ti que me fortaleces. Porque cuando me declaro incapaz y derrotado, tú te fortaleces en mi debilidad y facilito que tú gracia me restablezca.

Oh gracias Dios mío por ser mi refugio y mi escudo, por ser mi libertador, mi salvador personal, mi roca, mi amparo, mi amigo, mi padre y mi amor.

Gracias Dios. Recibo tú perdón y recibo tú amor inconmensurable. Dejo hoy de combatir en tú contra, Opera en mi y santifícame.

Hoy decido amarte y honrarte como a Dios. Soy tú creación, soy tuyo, soy tú propiedad.

Te amo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario